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30/08/2025
Ana Esther Ballinas Borralles
Este artículo constituye un aprendizaje que se adquirió desde la propia experiencia combinado con la ciencia de la antropología, el derecho y múltiples ciencias más, dando paso a una visión crítica y a la vez humana la recopilación de las ideas surge a partir de las vivencias que ha brindado la región del Estado de Chiapas, México.
De acuerdo a la Secretaria de economía y del trabajo la población Chiapas tiene una población aproximada de 5,917,164 personas, de las cuales 2,757,337 son hombres equivalentes al 46% y 3,159,827 son mujeres equivalentes al 54%; desafortunadamente en lo que va del año 2025, se ha presentado más de 18 feminicidio, en lo que la mayoría de los casos el presunto agresor ha sido la pareja sentimental o alguien cercano a la víctima; sin embargo, no se busca más allá de un solo responsables.
Sumado a los múltiples feminicidios, se encuentran las agresiones físicas y verbales, así como el acoso y hostigamiento en el ámbito escolar y laboral, que son denunciados a menudo ante las autoridades. En Chiapas, la violencia hacia las mujeres es muy difícil erradicarla, sin importar de todas las medidas de atención que el Estado implemente; y es que esta problemática, no solo es una cuestión única que el gobierno debe realizar, sino que tiene que ir en complicidad de la propia sociedad civil.
La población chiapaneca, en la mayoría de sus relaciones sociales, económicas, culturales y demás, ha llegado a implementar conductas machistas de una manera tan natural que sea convertido en parte de su estilo de vida. “El machismo impregna todas las relaciones políticas en la sociedad y en el Estado, es uno de los fundamentos de la cultura patriarcal” (Lagarde, 2015).
Y es que, el machismo es implementado tanto por hombres como por mujeres; efectivamente, estas últimas han realizado expresiones y actitudes denigrantes, ofensivas e incluso con todo el atrevimiento, han sido cómplices de actos violentos hacia otras mujeres. Aunque suene a reclamo, muchas de esas expresiones, actitudes y sobre todo actos violentos se desarrollan por las propias mujeres.
Dichas acciones van desde decir comentarios sexistas hasta participar en los “usos y costumbres” de vender o intercambiar a una mujer para matrimonio. Asimismo, la acción de omitir permite que el machismo se expanda cada vez más; desafortunadamente, es común observar a mujeres maltratadas por sus esposos, cónyuges o novios en las instituciones públicas encargadas de investigar y defender los derechos de los ciudadanos, tal como las diferentes fiscalías con la que cuenta el Estado de Chiapas, en donde llegan a denunciar la violencia que sufren, pero en ocasiones las propias autoridades (en su mayoría ministerio público mujeres) no lo hacen de la manera apropiada, al grado que llegan a la revictimización.
Ahora bien, se da el contraste, esto cuando el ministerio público realiza su labor de manera apropiada y correcta las investigaciones correspondientes, pero es cuando la propia mujer que ha sufrido violencia la que decide desistir a la acción penal, y por más que le insistan en continuar con el proceso, simplemente se niega, dejando que quien la violento no sea juzgados por las autoridades.
Culpar únicamente a las instituciones de seguridad sería buscar una solución que no daría los resultados esperados; es decir, si realmente se quiere eliminar o por lo menos disminuir la violencia hacia las mujeres de ese porcentaje alertador en el que se encuentra el Estado de Chiapas, se debe y se tiene que trabajar en la deconstrucción de las ideas misóginas que las personas poseen. La misoginia es funcional al machismo, al androcentrismo, al sexismo y resulta que las mujeres hemos estado formadas a partir de una escala de valores donde el género femenino es considerado inferior; lo cual hemos aprendido e interiorizado. (Lagarde, 2005).
La idea que las mujeres pertenece a un grupo vulnerable y débil se ha formado desde tiempo atrás, la cual se ha arrastrado hasta hoy en día; todos estos movimientos sociales en donde el principal se conmemora el día 8 de marzo de cada año, en el cual las mujeres salen a las calles a manifestar el sentir de inconformidad, ha provocado que se visibilice en el ámbito jurídico la violencia hacia las mujeres, ya que con ello se han creado leyes en beneficio a la protección de las mujeres.
Sin embargo, se sigue dejando de lado lo social y cultural, es en esto donde se encuentra la raíz de la problemática; en Chiapas un estado rico en diversidad cultural, que tiene distinta población de mestizajes ya sea de descendencia española, alemana, japonesa, china, así como de pueblos originales como tzotziles, tzeltales, choles, etc., por lo cual, la población chiapaneca tiene diferentes pensamientos y prácticas.
La población mestiza ha tenido mayor acceso a los servicios básicos, como la educación, lo cual ha permitido que conozca parte del Estado de derecho, es decir, el principio que tiene el gobierno en donde todas las personas, instituciones y el propio Estado se le aplique las leyes claras, justas y de manera equitativa por órganos judiciales independientes; no obstante, no los excluyen del quebrantamiento de las leyes, puesto que han cometido delitos que han dañado a otras personas. La población chiapaneca mestiza a pesar de tener mayores oportunidades en los diferentes ámbitos y ser parte de un grupo en donde el Estado brinda información acerca del marco jurídico, como el salvaguardar los derechos humanos y la protección a una vida justa y libre de violencia hacia las mujeres, aun con eso se sigue generando agresiones. En las escuelas donde todas y todos o mayormente son mestizos, se redactan pláticas y talleres sobre el maltrato hacia las mujeres, esto mismo sucede en los lugares de laborales con el fin de disminuir la violencia.
A pesar de todas las practicas y talleres que se implementa, los comentarios sexistas, el acoso, hostigamiento y agresiones hacías las mujeres sigue floreciendo; en ciudades como la capital del Estado de Chiapas, se ha suscitado violencias físicas, así como feminicidio, lo mismo ha sucedido en otros sitios urbanizados, donde el gobierno ha intervenido mediante sus distintas instituciones públicas para brindar atención a esta problemática, no obstante,de ese esfuerzo, las agresiones resisten.
En cuanto a la población indígena o pueblo originario como se autonombran, la información acerca del Estado de derecho es precoz, debido a que se rigen mediante sus usos y costumbres, dejando en el aire el marco jurídico proporcionado por el Estado; esto hace que, en muchas ocasiones sus acciones no se apeguen a las leyes que para los mestizos son coercibles. Uno de los ejemplos más claros, significativos y aberrantes es la venta o intercambio de mujeres para el matrimonio, en el cual consiste en que los propios padres y madres de familia "dan" a sus hijas menores de edad a hombres mayores de edad, en donde sin el consentimiento de ellas son obligadas a “casarse” mediante una ceremonia que la población realiza, las jóvenes que tienen entre 8 y 14 años se vuelven esposa de hombres que rebasar los 40 años quienes ofrecen a los padres de adolescentes dinero o animales de granjas (vaca, borregos, etc.).
Dichas prácticas, son conocidas y ha llegado a oídos de las autoridades de gobierno, pero no han podido hacer nada, debido a que si intervienen estaría violando a la libertad de sus usos y costumbres, cayendo en contradicción porque no están protegiendo los derechos de las niñas y adolescentes; es una disputa entre las leyes chiapanecas y mexicanas en la forma de intervenir, mientras buscan soluciones, las niñas y adolescentes siguen siendo objetos de mercancías, privándolas de decidir sobre ellas mismas.
A pesar de la diferencia cultural y social que existe entre la población indígena y mestiza, en ambas se desarrolla el machismo, un machismo que se encuentra insertada en las prácticas que se realiza día a día y que ha sido parte del paso de los tiempos, es lo que el sociólogo Bourdieu llama habitus. “El habitus no es otra cosa que esa ley inmanente, lex insita inscrita en el cuerpo por las historias idénticas, que es la condición no sólo de la concertación de las prácticas, sino también de las prácticas de concertación”.
Las prácticas machistas que se ha realizado por varios años son consideras normales, y cuando estas se intentan combatirlas, hay quienes se resisten, manifestando que son acciones que han existido y que no deben ser cambiadas, insisten en que quienes quieren eliminarlas son individuos débiles o frágiles, por lo que hoy en día en Chiapas así como en toda la república mexicana se ha generado controversia acerca de que la juventud pertenece a una generación de “cristal”, por ser quienes están inconforme con dichas prácticas.
Aunque no es solo una generación la que está en contra de esas acciones machistas, sino que es un conjunto de personas que busca una resolución en donde en el marco jurídico exista igualdad de derechos entre hombres y mujeres, mientras que en lo social se busca una equidad con el fin de brindar un trato justo en consideración a las diferentes necesidades.
Conclusión
La deconstrucción de las prácticas machistas que forman parte de las estructuras sociales en la población chiapaneca, no se puede eliminar radicalmente, pero si puede disminuir mediante el trabajo en conjunto entre el Estado y la sociedad civil; es claro que es un trabajo complicado, más no imposible, mediante una estrategia en donde todos los sectores busquen modificar las conductas humanas a través de las instituciones públicas, como las educativas, así como las autoridades correspondientes encargadas de proteger y salvaguardar los derechos.
No solo basta con seguir creando leyes donde se castiguen los feminicidios, tal como el artículo 164 Bis del Código Penal para el Estado de Chiapas o leyes especiales para la protección a las mujeres, sino que también se debe trabajar para mejorar los entornos sociales y culturales; no es únicamente aumentar las penas para quienes cometen crímenes hacia las mujeres, sino buscar la prevención.
Atender los inicios de conductas violentas que muchas veces se observan en las instituciones educativas, ya que estos comportamientos erráticos que se manifiestan desde temprana edad llegan a hacer parte de problemas con consecuencias jurídicas. Igualmente, el Estado y la sociedad civil deben de ocuparse de quienes se encuentran cumpliendo penas y son próximos a la reinserción social, el darles una nueva brecha para que puedan reincorporarse de manera positiva a la sociedad.
Es imposible acabar con la violencia hacia las mujeres, por más discurso político que lo menciones, pero lo que si no es imposible, es disminuir y prevenir dichos actos violentos, para eso la importancia del trabajo en equipo entre el Estado y la sociedad civil, el ayudarse mutuamente en mermar las ideas y prácticas machistas.
Imagen
De la Autora. Refiere a una pared en la ciudad de Chiapas - México, donde hay una pinta referida a un escrito de protesta.
Bibliografía
Bourdieu P. (2007)El sentido práctico. Edit. Siglo XXI. Argentina
Lagarde y de los Ríos, M. (2005)Los cautiverios de las mujeres. Madres, esposas, monjas putas, presas y locas. Universidad Autónoma de México.
Secretaría de Economía y del Trabajo del Estado de Chiapas. Link:https://economiaytrabajo.chiapas.gob.mx/inteligencia-economica/#:~:text=Al%201T%202025%2C%20la%20poblaci%C3%B3n,son%20mujeres%20equivalentes%20al%2054%25.

ANA ESTHER BALLINAS BORRALLES
ballinasborrallesana@gmail.com
Antropóloga social por la Universidad Autónoma de Chiapas, con experiencia en trabajos etnográficos en diferentes partes del territorio de Chiapas. Actualmente, trabaja en la Fiscalía General del Estado de Chiapas, México.
"Apuesto por un enfoque humano y a la vez profesional, por conocer nuevas herramientas, técnicas y saberes que ayuden a mi formación antropológica. Me encuentro cursando mi segunda carrera profesional en la Universidad de Seguridad Pública del Sureste, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde estudio la licenciatura en Derecho con terminal en Proceso Penal Adversarial, con el fin de complementar mi formación desde una perspectiva jurídica".